domingo, 18 de enero de 2009

Pasear por la ciudad vieja

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Desdentada y por eso mismo poco sonriente la Ciudad Vieja guarda todavía algunas gratificaciones que los montevideanos suelen perderse por variadas razones o la recorren con un apremio que impide toda tregua de contemplación o ya ni siquiera la visitan, recelosos de un paisaje decadente que la incluye junto con el Centre en esa esfera de sensaciones un poco opresivas, a la que se vuelve lo menos posible porque de ella han emigrado hace tiempo la cordialidad, los itinerarios familiares, los sitios de encuentro y de reunión, el clima propicio al paseo, el impalpable estimulo de la elegancia.



Sin embargo, las gratificaciones siguen esperando al explorador a la vuelta de la esquina con los balcones de barrotes de cristal de la casa de Giro, la despojada nobleza de la capilla del Maciel, el patio de piedra de la casa de Lavalleja, la pretensión ojival del palacio Gomez o el fasto que Andreoni descargo en el Club Uruguay.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El carnaval bárbaro

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El carnaval del siglo XIX escandalizaba a los sectores bien pensantes de la sociedad montevideana. En carnaval había «licencia I para entregarse al placer», según una frase del periódico La Tribuna Popular de febrero de 1888. Otro periódico, El Nacional, sostenía en 1839: «que se pierde con que las chicas tengan tres das de confiaría con los mozos, después de que todo el año se están mirando sin tocarse como si fueran alfeñiques?»



El historiador José Pedro Barran, en su obra Historia de la Sensibilidad en el Uruguay, dice sobre el carnaval de la pinera mitad del siglo XIX: «se sublevaban las pulsiones de todos, la carnalidad, pero también se sublevaban los oprimidos, los que lo estaban mucho y los que lo estaban poco: negros, criados, sectores populares, marginados, locos, niños, jóvenes, mujeres. Por eso las autoridades de la I sociedad, los ancianos, el clero, los devotos, los políticos, los ricos, llamaban bárbaro al carnaval y procuraban civilizarlo»

miércoles, 24 de diciembre de 2008

La Semana Criolla

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Uno de los rituales que evocan los antiguos hábitos de los gauchos es la llamada Semana Criolla. Durante la celebración católica de la Semana Santa, en la sede de la Asociación Rural del Uruguay, sita en el señorial barrio del Prado de Montevideo, se celebra esta competencia en la que participan jinetes y hombres de campo del Uruguay y de países vecinos.



A lo largo de siete días se mide la destreza y la fuerza física para el manejo de animales en diferentes especialidades y categorías. Además de la jineteada de potros, en pelo o con montura, se montan toros jóvenes y se compite en el manejo del lazo y en otras tareas propias del trato con el ganado.



En esta festividad, los peones de estancia y algunos jinetes profesionales adquieren a los ojos de los espectadores la categoría del desaparecido gaucho, soportando los violentos corcovos de los animales y exhibiendo un estilo de vida casi extinguido. También junto a Montevideo, dentro del frondoso parque Franklin Delano Roosevelt (departamento de Canelones), se festeja la Semana Criolla, con actividades y competencias similares.



La Semana Criolla es la celebración gauchesca mas importante del país, pero no es la única. Anualmente, en las afueras de la ciudad de Tacuarembo, en la laguna de las Lavanderas, tiene lugar la Fiesta de la Patria Gaucha, donde durante varios días se recuerdan todos los aspectos la vida gauchesca, realizándose tareas como la construcción de ranchos de adobe (barro y paja) o la elaboración de platos típicos y trabajos de talabartería (artesanía en cuero), además de payadas, fogones y actuaciones de músicos folclóricos. Los participantes van vestidos de forma tradicional y no faltan las competencias de truco, el mate y la caña (aguardiente de la caña de azúcar).

sábado, 20 de diciembre de 2008

La historia de punta ballena

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En 1896, el escritor, marino, terrateniente y aventurero Antonio Lussich adquirió la zona conocida como Punta Ballena, una sierra que entra abruptamente al mar y que constituye uno de los paisajes mas bellos del Uruguay. Lussich fue un pionero de la forestación, al introducir numerosas especies exóticas en Punta del Este.



Gracias a su acción, seguida mas tarde por otros propietarios, los bañados, las dunas y los esteros fueron transformados para dar hogar a plantas diversas, desde robles hasta araucarias y árboles frutales. Este reservorio de especies vegetales que conviven en extraña mezcla constituye una de las zonas forestales mas importantes del país. El Arboretum Lussich fue declarado área protegida por las autoridades, al igual que toda Punta Ballena.

viernes, 12 de diciembre de 2008

La gastronomía

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La gastronomia uruguaya se apoya en tres elementos básicos originados en la historia. En primer lugar, la tradición ganadera que conformo el perfil económico y social del país dio a la cocina su materia prima básica y por mucho tiempo excluyente: la carne. En segundo lugar, la tradición hispánica llegada con los colonizadores y renovada luego por sucesivas oleadas de inmigrantes. Y, en tercer lugar, la influencia italiana, también producto de la inmigración.



De la antigua cocina criolla se destaca el asado. La comida primitiva del gaucho no requería para su preparación mas que carne de un animal recién muerto y fuego. En tiempos de ganado cimarrón y de campos sin alambrar, el asado de vaca cocido al fuego o a las brasas era el alimento que abundaba en la campana oriental y estaba a la mano de quien supiera conseguirlo.



Adoptado cabalmente por la cultura gastronomita de la sociedad uruguaya, chontilla siendo la comida mas tradicional y apreciada. El ritual de su preparación en torno al fuego (generalmente a cargo de un hombre) rememora un estilo de vida al aire libre y constituye uno de los motivos preferidos de reunión social y familiar. En los pueblos y ciudades, en cambio, la carne se consumía como charque (curada con sal y secada al sol) y mas tarde convertida en tasajo, ya producto de los saladeros. Se preparaba en guisados, al principio muy pobre por la falta de hortalizas y cereal.



Se sumaron luego otros elementos: papas, boniatos, maíz, frutas y algunas verduras. Con el trigo se incorporaron a la gastronomía uruguaya los panes y bizcochos y las comidas regionales como las empanadas (discos de masa rellenos de carne o maíz), la mazamorra de maíz y otros dulces; también las españolas natillas y la ambrosia, a base huevos, así como el autóctono dulce de leche.

Asimismo son tradicionales el dulce de boniato, el «Martín fierro» (queso con dulce de membrillo), a los que se sumaron con el tiempo el malsino y el chajá.

Esta comida criolla vivió las transformaciones que aportaron italianos y españoles en los siglos XIX y XX, dando nuevos usos a los cereales, introduciendo otras formas de guisar las verduras y carnes y recuperando las oleaginosas y, en parte, también el pescado.

 

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